Capítulo 30.
El día que decidí para mi tan esperado escape fue un lunes por la mañana.
Como todas las noches, Víctor y yo nos quedamos en mi habitación haciendo el amor hasta altas horas de la noche, sin embargo yo sabía que no podía quedarme aquí, y para escapar tenía que ir a otro sitio y estar lejos de los guardias, aunque sea unos minutos para poder seguir adelante.
—Amo… Se siente bien… —gimo de manera desesperada, sintiéndolo entrar profundamente en mi.
Con mis manos atadas pero rodeando su cuello, no puedo hacer más que atraerlo hacia mí, mientras él sigue embistiendo con fuerza, algo que se siente tan bien que pronto me llevará al éxtasis.
—¿Estas por venirte, preciosa? —pregunta él con una sonrisa.
—Sí amo…
Tensando mi cuerpo y sin poder contenerme más, termino teniendo un orgasmo. Sosteniendo mis piernas y acariciándolas de manera suave, Victor parece disfrutar mucho lo estrecho que se ha vuelto mi interior, por lo que sin esperar más tiempo, hace sus embestidas fuertes y profundas, has