Capítulo 31.
Victor termina su “obra de arte” introduciendo un gran juguete dentro de mí, el cual enciende y me hace jadear con fuerza, mientras mi cuerpo tiembla por el deseo.
—Debes acostumbrarte cariño, esto se quedará aquí hasta que regrese a casa, ¿Entendido? —pregunta él con una sonrisa.
Dándome una nalgada que me hace gemir de forma ahogada por la cosa en mi boca, Victor finalmente se aleja de la cama, dirigiéndose al baño privado de su habitación, al cual entra para tomar una ducha antes de irse al trabajo.
Bien, creo que la cosa que traigo en la boca podría complicar ligeramente el plan de escape que realicé. Pero prefiriendo ser positiva, me apresuro a mover la almohada debajo de mi rostro con mi mandíbula, debajo de la cual escondí esa pequeña tijera que robé del centro comercial.
Victor ya no usa su habitación para dormir, por lo que dejé esta tijera en la cama hace un par de días, cuando decidí de manera firme que esta seria mi manera de escapar.
Victor me ató firmemente a la cama, pe