Capítulo 31.

Victor termina su “obra de arte” introduciendo un gran juguete dentro de mí, el cual enciende y me hace jadear con fuerza, mientras mi cuerpo tiembla por el deseo.

—Debes acostumbrarte cariño, esto se quedará aquí hasta que regrese a casa, ¿Entendido? —pregunta él con una sonrisa.

Dándome una nalgada que me hace gemir de forma ahogada por la cosa en mi boca, Victor finalmente se aleja de la cama, dirigiéndose al baño privado de su habitación, al cual entra para tomar una ducha antes de irse al
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