OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 19.
Cuando escucho a Héctor decir esa estupidez, me doy cuenta de que él jamás va a aceptar los errores que cometió su hermano en el pasado. Siempre terminará justificándolo, buscando excusas, inventando razones que le permitan seguir creyendo en esa versión idealizada de Gabriel que construyó en su mente. De esa forma, nunca verá la verdad… y quizá nunca quiera verla.
Esa certeza, además de molestarme, me provoca una tristeza profunda, casi insoportable. Porque amar a alguien no significa justificar todos sus errores ni cerrar los ojos ante el daño que causó. Amar también implica comprender, aceptar lo que hizo mal y, si corresponde, pedir disculpas por ello. Pero estoy segura de que voy a morir antes de escuchar una sola disculpa por parte de Héctor, no solo por el daño que me hizo su hermano, sino también por todo lo que él mismo me está haciendo ahora.
—Te conozco bien, Sophia —dice Héctor, mirándome fijamente a los ojos, como si intentara desarmarme—. He visto las cosas que has hecho