OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 20.
Mirando a mi madre a los ojos, la incertidumbre me invade por completo. Siento cómo el estómago se me encoge, cómo un nudo invisible aprieta mi garganta con fuerza. Una parte de mí quiere gritar, romper el silencio, decirle que estoy atrapada en esta casa contra mi voluntad, que no estoy aquí porque quiera, sino porque me han obligado. Quiero correr hacia ella, aferrarme a sus brazos como cuando era niña y suplicarle que me saque de aquí antes de que sea demasiado tarde.
Pero otra parte de mí tiene miedo. Un miedo profundo, paralizante.
Al observar a Héctor tan tranquilo, tan convencido de sus propias palabras, me doy cuenta de algo aterrador: si yo abro la boca en este instante y digo la verdad, él no dudará en responder de la peor manera posible. Sé que sería capaz de contarle a mi madre todo lo que sabe sobre mí: mi relación con Fabricio, los crímenes, las decisiones horribles que tomé en el pasado. Todo aquello que he intentado ocultar incluso de mí misma. Y no solo eso, estoy seg