Mundo de ficçãoIniciar sessãoYvy nunca imaginou que um simples encontro mudaria o curso de sua vida. Reconhecida como companheira predestinada de um futuro alfa, ela se vê no centro de decisões que envolvem matilhas, poder e uma bênção ancestral ligada à Lua. Enquanto Calleb luta para assumir seu lugar como líder, Josh — o amigo que sempre esteve ao seu lado — precisa seguir um caminho próprio, mesmo que isso custe o elo que os unia. Entre amor, lealdade e destino, Elo da Lua revela que nem todo vínculo foi feito para durar para sempre — alguns existem para nos preparar para quem precisamos nos tornar.
Ler maisMiro el lugar que era mi casa, la que siempre ha sido el supuesto hogar donde crecí, pero, para mi desgracia, nunca ha sido un hogar. Nunca lo he sentido así. Pero, no tengo a donde ir, siendo una loba sin la posibilidad de convertirme en una no es algo agradable.
Soy la hija ilegitima del clan Krauss, la perfecta familia de alfas donde yo solo soy una omega que no puede convertirse en lobo. Soy el error de mi padre con la hija del jardinero y lo último en la escala de buen trato o algo bueno que dar. La casa donde vivo cuenta con más de treinta habitaciones, pero, yo duermo en el establo. Soy la parte terrible y más sufrida de cenicienta y otras mujeres de la vida real que deben conformarse con comer sobras y no poder escapar de su sufrimiento, porque a donde voy soy regresada por el cabello siendo arrastrada por todo el camino bien sea por mis hermanos, mi madrastra o mi padre quien escasamente me mira. Pero, hoy ya no puedo tolerarlo más. Hoy pienso marcharme sin mirar atrás, hoy he fingido mi muerte mientras me impregno con el olor de las heces de la vaca para así no ser rastreada. — Aquí estás, mi pequeña perra. — dice Leonard lanzándome una patada en el estómago. — Sigues intentando escapar, cuando sabes que tu final es este… el precio de ser la bastarda nunca podrás evitarlo. — dice Elmer listo para agredirme. — ¿Cómo…? Ni siquiera sé que decir, porque la pregunta no formulada se ha resuelto. — No le pegues, suficiente tiene con tener que pagar el daño de mi propiedad. — dice María, mi supuesta mejor amiga, esa en la que tontamente confíe y ahora estoy pagando el precio. — Tú les dijiste. — Sí, es que ya me aburrí de fingir ser buena cuando serás mi saco de boxeo cuando este aburrida… cuñada. — dice María abrazando al peor de mis hermanos, ese que siempre me patea cada vez que puede. ‘Debo escaparme de este maldito infierno.’ Me digo mentalmente sin saber si puedo sobrevivir a algo así. Cuarenta y cinco son las veces en las que he intentado escapar de este maldito lugar, pero, cada vez que escapo, no es posible para mí marcharme. Ya que, estos malditos lobos tienen un olfato muy bien desarrollado y al yo tener limitantes, soy fácil de capturar. Por eso, mi única salida es la muerte. Una que no pienso hacerlo de forma literal, ya que, no quiero darles el gusto. Así que, solo me quedaba escapar, por eso, incendie el establo como María me recomendó… la traicionera María. Pero, confíe en quien no debía y por eso, ahora veo como el establo está en llamas y yo llena de heces, sin la posibilidad de poder marcharme por el bosque usando la ruta que María me ayudó a encontrar, porque es evidente que ellos van a saber por dónde intentaré escaparme. ‘Esta vez tenía todo para escapar, pero, deposité mi confianza en quien no debía.’ Me digo mentalmente. Corro tan rápido como puedo lejos de la propiedad de los Krauss, implorando que esta vez todo sea diferente. Así que, aferrándome a esa idea, corro lejos de su dominio, implorando que la manada vecina me salve, pero, no es posible, porque aunque ellos no corren al mismo tiempo que yo, son capaces de alcanzarme rápidamente, mientras el crepitar del fuego consumiéndolo todo continua. La risa de ellos es una tortura para mí, porque sé que mi desespero por huir les divierte. Es mi dolor el que tanto les estimula. La maldad que esconden de los demás, solo es mostrada para hacerme daño. — No puede ser posible. Debe haber un error. — digo corriendo cada vez más rápido, pero, ante mi limitada destreza corriendo por no poder transformarme en loba, soy alcanzada rápidamente por los lobos que han sido mi pesadilla viviente todos estos años. — Aquí está la perra deforme. — Soy loba, si vas a insultarme, hazlo con la propiedad correspondiente. — digo mirándolo con un odio que escasamente puedo controlar en mi corazón. — Entonces, ¿decidiste que era momento de escapar por duodécima vez? — pregunta Leonard sonriente. Para ellos soy un chiste… el entretenimiento que pueden herir a su antojo porque soy de su propiedad y ya estoy cansada de esto. — Creo que son más que veinte veces en las que hemos jugado a las atrapadas. — dice Elmer y yo intento esquivarlo y correr lejos. Pero, rápidamente me atrapan. — ¿A dónde vas mi pequeño juguete? — pregunta Elmer. — Por favor, déjenme ir. Me han tenido cautiva por veinte años, es momento de marcharme. — digo llorando. Mi hermano, esos que se supone que están para protegernos, me lanza una patada que me saca el aire por completo, ni siquiera sé cuántas veces he sido golpeada por ellos, pero, nunca es suficiente. Por eso, me levanto con angustia y camino hacia el precipicio. — Si quieres liberarte de nosotros, muere de verdad, Angela. Solo así podrás ser libre. No quiero darles ese gusto, pero, siento que ya no puedo más. La única amiga que creía de mi lado, ahora me observa con desagrado y repulsión. No tengo algo más que hacer, es momento de terminar con esto. — Está bien, eso haré. — digo lanzándome al precipicio con mucho miedo. ‘No quiero morir, pero, tampoco deseo vivir así. Diosa Luna, ayúdame, por favor.’ Me digo mentalmente mirando la luna antes de caer en la fría agua. No puedo ver, sentir o escuchar algo, solo sé que mis hermanos y María ya no están y eso es suficiente para mí. Suficiente hasta que me golpeo con una piedra y es así como abro los ojos aturdida, porque no estoy en un lugar conocido. — ¿Dónde estoy? — pregunto en medio de las grandes rocas cerca de la orilla. No hay ruido y aunque hay castillos, todo se ve terrorífico al punto que mi piel se eriza. Camino a la orilla y antes de tocar la arena seca, un gruñido de un lobo completamente negro me hace retroceder. — ¿Qué haces aquí, polizón? — Yo… ¿Dónde estoy? — Estas en la manada luna oscura y delante de ti está el alfa supremo, aunque muchos me llaman Lucifer. — dice el lobo y mi mente se apaga. Ahora si puedo decir que estoy en el mismísimo infierno terrenal.Dois anos haviam passado desde a noite em que fogo e prata se tornaram um só destino.A floresta de Blackpine parecia respirar em outro ritmo agora — mais profundo, mais estável, como um coração que finalmente encontrara sua cadência natural. O vento corria entre as árvores antigas carregando não apenas o cheiro da terra úmida, mas o perfume sereno de equilíbrio que havia se espalhado entre as alcateias.No alto da colina, diante da casa grande, Calleb observava a matilha com a postura firme de quem aprendera que liderança não nasce da força, mas da responsabilidade de proteger até aquilo que não se pode controlar.Ele já não era apenas um Alfa.Após meses mediando disputas entre alcateias rivais, enfrentando investidas de renegados e conduzindo decisões que exigiam coragem e renúncia, seu nome passou a ecoar entre territórios distantes. Não como um conquistador, mas como um guardião.Foi sob a Lua Cheia, em um conselho que reuniu líderes de diversas matilhas, que o reconhecimento se
Charlotte estava na varanda de sua antiga casa, envolta pelo silêncio sereno das montanhas que a viram crescer. A noite estava limpa, e a lua pairava alta, intensa, viva — como se observasse cada respiração do mundo.Foi então que ela sentiu.Não dor.Não saudade.Mas uma onda de poder suave atravessando seu peito como uma maré luminosa.Ela levou a mão ao coração, os olhos se fechando instintivamente.Havia uma mudança no mundo.Uma união selada.Uma promessa cumprida.Uma energia que não pedia espaço — apenas existia, firme e harmoniosa.Charlotte soube.Calleb… e Yvy.O elo deles havia se firmado completamente. A marcação da Luna reverberava não apenas entre as alcateias, mas através da própria essência da lua. Era como se o céu tivesse respirado fundo e finalmente repousado.E, pela primeira vez, Charlotte não sentiu que havia perdido algo. Sentiu que tudo estava exatamente onde deveria estar.Um calor tranquilo se espalhou por seu peito, como uma bênção silenciosa. Não havia rupt
A última fogueira começou a baixar, transformando-se em brasas que cintilavam como rubis no escuro. O silêncio da noite foi preenchido por um som ensurdecedor e vibrante: a alcateia inteira, de pé, iniciou um uivo de celebração que fez as copas das árvores balançarem. Era o som do nascimento de uma era.Calleb, com os olhos transbordando uma alegria que apenas um homem que encontrou sua alma gêmea poderia sentir, envolveu Yvy em seus braços. Ele a ergueu com facilidade, carregando-a como o tesouro mais valioso de seu reino. Aplausos e batidas de mãos rítmicas ecoaram enquanto ele caminhava em direção à casa grande. Josh e Maiara trocaram um olhar de dever cumprido; os pais de Yvy choravam abertamente, sabendo que sua linhagem estava agora protegida por um amor divino.Ao cruzarem o limiar do quarto, o barulho da festa tornou-se um eco distante. O ambiente era acolhedor, iluminado apenas pela luz da lua que entrava pela janela, banhando o local com a prata da Deusa.Calleb a colocou so
A tensão mística do ritual dissolveu-se em uma alegria vibrante. Fogueiras foram acesas, e o som de tambores começou a ditar um ritmo ancestral. A decoração, repleta de flores silvestres colhidas nos vales da antiga alcateia de Yvy, unia os dois mundos em um abraço botânico.Yvy avistou dois rostos conhecidos entre a multidão que se abria com reverência. Seus pais, que haviam chegado há três dias sob a proteção do seu antigo Alfa, correram ao seu encontro. Seis meses de distância pareceram evaporar naquele abraço triplo.— Minha pequena loba... — sussurrou o pai, a voz embargada enquanto a segurava pelos ombros para admirá-la. — Você brilha com a luz dos nossos ancestrais.— Estávamos com tantas saudades, querida — completou a mãe, beijando as mãos de Yvy, que agora carregavam o peso da liderança. — Você cumpriu sua jornada com uma honra que orgulharia a própria Deusa da Lua.Após as lágrimas de alívio com a família, Yvy virou-se para os amigos. Ela se aproximou de Maiara, que a obser
Último capítulo