Malú salió del baño envuelta en una nube de vapor, el albornoz de seda pegándose ligeramente a su piel aún húmeda. Al encontrar a Ravi sentado en la cama, con el celular en la mano y una sonrisa pícara en los labios, arqueó una ceja. Al notar su mirada intrigada, Ravi respondió:
—Era Camila y las demás —explicó, deslizando los dedos sobre la pantalla—. Estaban preocupadas por la forma dramática en que nos fuimos ayer. Pero ya las tranquilicé.
Ella sonrió al recordar el cariño de las empleadas d