Mientras Malú aún se sumergía en sus pensamientos, los saludos animados de Luna y Cristiano resonaron en la sala. Acababan de llegar de la finca de los padres de Cristiano, invitados por Eduardo para el desayuno. Mientras intercambiaban saludos con Malú y Olga, surgió la dulce voz de Miriã, sorprendiendo a todos.
—¡Buenos días, familia! —apareció Miriã, decidida a bajar y disfrutar el desayuno con todos.
Eduardo, preocupado, trató de detenerla:
—Querida, deberías descansar.
Ella, sin embargo, l