El silencio en ese momento se volvió pesado, cortado solo por la respiración irregular de Malú, que temblaba como una hoja al viento. Sus ojos, llenos de lágrimas, se fijaron en el pecho de Gabriel, mientras sus manos vacilantes levantaban la blusa, revelando una señal peculiar bajo los senos, cerca de la costilla. Un pequeño corazón rojo, perfecto, marcaba su piel como una firma del destino. La misma señal que Gael llevaba en el pecho.
—Es… es igual… —susurró Ravi, pero se calló, como si no qu