Mientras tanto, lejos de allí...
— ¡Maldición, maldición! ¿¡Cómo que no la encontraron!? ¿¡Cómo pueden ser tan estúpidos!? ¡Engañados por esa cría?! — gritó Viktor, lanzando su vaso contra la pared mientras vociferaba a sus hombres, que mantenían la cabeza agachada ante él.
Entonces, uno de ellos se atrevió a hablar:
— Se… señor, la chi… chica escapó de nosotros en el hotel, pero no regresó al apartamento donde estaba, para recoger sus cosas. Así que… no tenemos idea de dón… dónde pueda esta