Ravi notó el silencio de ella por unos instantes, como si estuviera luchando contra sus propios pensamientos. Con delicadeza, tomó a la pequeña de sus brazos, besándole la cabecita dormida. Sintió la ligereza del cuerpecito infantil acurrucándose y, entonces, se oyó la justificación de ella:
— Por May. Creo que el interior es un lugar mejor para criarla.
Aquellas palabras sonaron falsas. Él lo percibió en el mismo instante: no era una mentira cualquiera, sino una que parecía gritar por auxili