Alma terminó de hablar, con una mirada colmada de odio y rabia. Pero si uno se fijaba bien, en esos ojos tan bellos se escondía también una mezcla de burla y una tristeza que no se podía explicar. Era algo que de verdad dolía en el alma y llenaba de pena. No sabía qué decirle, así que solo la miré con mucha lástima. Cuando ella vio que me quedé callada mucho tiempo, volvió a sonreír un poco y dijo:
—Olvídalo, de veras es mejor que lo olvides.
Que me dijera eso era tan irónico.
Se apoyó en los fierros de la jaula y se levantó despacio. Sus ojos me miraban con compasión y burla al mismo tiempo; entonces se acercó y, con una sonrisa que parecía más un suspiro, me dijo en voz baja:
—Hablar con ustedes, que solo tienen amor en la cabeza, no sirve para nada —murmuró—. ¿Cuándo no les he dado una oportunidad? Es una lástima que unas cuantas palabras de un hombre alcancen para que se entreguen felices a la muerte. No se dan cuenta de que ese amor por el que dan la vida no vale ni un centavo par