Alma terminó de hablar, con una mirada colmada de odio y rabia. Pero si uno se fijaba bien, en esos ojos tan bellos se escondía también una mezcla de burla y una tristeza que no se podía explicar. Era algo que de verdad dolía en el alma y llenaba de pena. No sabía qué decirle, así que solo la miré con mucha lástima. Cuando ella vio que me quedé callada mucho tiempo, volvió a sonreír un poco y dijo:
—Olvídalo, de veras es mejor que lo olvides.
Que me dijera eso era tan irónico.
Se apoyó en los fi