—Mira, me agarré a los barrotes con todas mis fuerzas y por eso logré zafarme de esos dos guardias; ¡me arrancaron un buen trozo de piel de la palma! —le dije a la señorita Alma, mientras extendía mi mano lastimada y sangrienta para que ella pudiera verla.
Serio, Waylon me observó, sin decir nada. Por otra parte, la señorita Alma miró mi mano, bastante molesta.
—¿En serio esos dos guardias querían lanzarte al pozo de las serpientes? —me preguntó.
—Sí —le respondí.
Cuando recordé la escena anteri