La llamada provenía de mi mejor amiga, Valerie Fiquet.
Tan pronto contesté, escuché su voz entusiasmada:
—¡Aurora, ya volví al país!
—¿Hablas en serio amiga?
Al escuchar que mi mejor amiga había regresado, de la nada, parecía que la tristeza había desaparecido.
Valerie se había ido a vivir a otro país hace tres años. Desde entonces, no tenía con quién desahogarme, platicas ni con quién salir de compras. ¡Cuánto la había extrañado!
—Acabo de aterrizar —continuó ella. —Primero, iré a mi casa