La actitud de Waylon hizo que la señorita Alma se pusiera más seria todavía. En ese momento, no pude evitar admirarlo; de verdad no le tenía miedo a nadie e incluso se atrevía a ser así de insolente frente a sus propias jefas. Aunque, tal vez, justamente por ese carácter tan arrogante y despreocupado, la señorita Alma lo veía con otros ojos; de otro modo, con el genio que tenía ella, seguro ya lo habría mandado al foso de las serpientes.
—¿Acaso te crees el guasón? —le dijo ella, con una expresi