La señorita Alma estaba acostada muy a gusto en el diván, con una sonrisa tranquila y despreocupada. Cuando vio a Waylon, se rio un poco y le dijo:
—Vaya, qué aplicado eres, piensas todo por mí.
—Eso dicen... —Waylon se sacudió la ceniza del cigarrillo y le sonrió a la señorita Alma—. Al fin y al cabo, señorita, usted me trata muy bien; es lógico que yo también tenga que ayudarla con algunos asuntos, ¿no cree?
La señorita Alma se rio entre dientes con una intención que no terminaba de quedar clara. Yo me molesté un poco mientras observaba cómo se sonreían; la única palabra que me pasó por la cabeza fue que todo era una actuación. Se notaba que Waylon solo le mostraba a la señorita Alma una cortesía falsa y ella, por lo que se veía, no parecía muy interesada en él, así que no entendía por qué lo tenía como amante.
Mientras le daba vueltas a eso, la señorita Alma bostezó y se tapó la boca con la mano.
—Bueno, ya me dio sueño. Vete —le dijo a Waylon con tranquilidad.
Waylon se paró con un