En ese momento, escuché una voz que jamás podría olvidar a mis espaldas…
Era una voz que no había escuchado en mucho tiempo. Mi corazón comenzó a acelerarse, y una avalancha de recuerdos y congojas inundaron mi mente.
Aquel muchachito con su camisa blanca, llevándome en su bicicleta camino a la primaria.
El mismo muchachito que adoraba explicarme los problemas de matemáticas que siempre me sacaban de quicio.
Era, él, el muchachito que después ya algo crecidos, sabiendo que estaba en mis días,