El rugido del motor del deportivo de Alejandro cortaba la frialdad de la noche mientras se alejaba de la mansión familiar. En sus manos, el volante de cuero se sentía como una extensión de su propia ansiedad. La conversación con su padre aún le martilleaba las sienes. El viejo se estaba volviendo errático, desesperado por el control que se le escapaba entre los dedos.
La propuesta inicial de su padre había sido burda: seducir a la actual esposa de Castiel. Alejandro soltó una carcajada amarga