El silencio en la habitación se volvió denso, casi sólido. Castiel sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura del aire acondicionado. Se quedó helado, con la mirada fija en un punto inexistente de la alfombra, procesando las palabras de Yestin. ¿Cómo podía ser tan perspicaz? Él creía haber enterrado ese episodio en lo más profundo de su memoria, bajo llave.
—¿Cómo sabes eso? ¿Quién te lo dijo? —indagó al fin. Su voz sonó más dura de lo que pretendía, con una seriedad que