A la mañana siguiente, el sol entró por la ventana con una falta de respeto total. Yestin sintió los rayos quemándole los párpados y, de solo pensar en moverse, sintió que todas sus ganas de vivir se desplomaban al piso. Le dolía todo. El cuerpo le pesaba como si estuviera hecho de plomo y es que no había dimensionado el daño que ese animal, el Pantera, le había hecho a su diminuto cuerpo. Era una agonía sorda, constante.
Pero luego se acordó de Castiel. Entendió que, dentro de la tragedia, ell