Las puertas del ascensor se cerraron. Raina sintió cómo pasaba de unos brazos a otros, pero esta vez el agarre era firme y la hacía sentir segura.
El perfume de Iván —ese aroma a pino con un toque ligero de tabaco— le dio un momento de paz en medio de toda esa nube que traía en la cabeza.
—¿Al hospital o a tu casa? —le preguntó él al oído, con esa voz ronca que sonaba completamente tensa.
Raina se mordió el labio y se quedó callada. Sabía que si terminaba en emergencias rodeada de gente, iba a