Frente al espejo del baño, Raina se quedó ida, mirando las marcas rojas en su clavícula.
Los recuerdos de anoche se le venían a la cabeza de golpe: los besos de Iván, cómo se aguantaba y luego perdía el control, su voz susurrándole al oído una y otra vez... y la fuerza con la que la abrazó justo al final.
Unos golpes en la puerta la bajaron de su nube. La voz de Iván se escuchó del otro lado:
—El desayuno está listo.
En la mesa la esperaba un buen plato de chilaquiles con pollo, sus favoritos,