A Raina ya hasta se le había olvidado a qué olía el mundo fuera del hospital... el olor a cloro se le había quedado pegado en la ropa.
Estaba ahí, parada frente al vidrio de terapia intensiva, mirando a Román.
Se veía tan frágil, conectado a mil cables y mangueras, con la piel de un color casi transparente. Lo único que le aseguraba que seguía vivo era el "bip" constante del monitor.
A Raina se le venía a la mente, una y otra vez, la imagen de Román sosteniéndola mientras la sangre le escurría