Sentía el viento zumbándole en los oídos mientras caían.
Raina apretó los ojos con todas sus fuerzas, esperando el golpe final que acabaría con todo, pero el impacto nunca llegó.
En el último segundo, una sombra apareció de la nada. Era Román, que se aventó con los brazos abiertos y la alcanzó a cachar antes de que pegara contra el suelo.
Se oyó un porrazo seco. Román aguantó todo el golpe. Cayó de espaldas y Raina aterrizó con todo su peso encima de él.
Al abrir los ojos, vio a Román. Tenía e