La obra de TechHorizonte era una monstruosidad, mucho más imponente de lo que Raina se había imaginado.
Se veía un desfile de grúas recortando el cielo, mientras el ruido ensordecedor de las máquinas y el ajetreo constante de los obreros creaban un ambiente de caos total, pero bien organizado.
Daniel ya los estaba esperando con los cascos en la mano y una sonrisa de esas de quien quiere quedar bien con el jefe.
—¡Señor Franco, señorita Raina! ¡Qué gusto verlos! Pasen por aquí, por favor. Ya te