A Iván le brillaron los ojos con una mezcla de curiosidad y malicia.
Aaron, aprovechando que el ambiente se había relajado y sintiéndose más valiente que nunca, se animó a soltarse un poco más:
—Mire, jefe, lo que a la señora le choca es que usted siempre quiera tener la sartén por el mango. Si se viera un poco más... no sé, más tranquilo, más relajado... a lo mejor las cosas cambian.
Iván le clavó la mirada, evaluándolo.
—¿Y luego? ¿Tienes alguna idea que de verdad sirva?
Aaron se cruzó de br