Se quedaron midiéndose con la mirada por unos segundos. Había una tensión que se podía cortar con un cuchillo.
Al final, Iván fue el primero en romper el contacto. Se puso de pie, se sacudió el pantalón como si nada y soltó con calma:
—Bueno, el vino se acabó y ya nos entendimos. Que descanse, señor Franco.
En cuanto la puerta se cerró, a Jayden se le borró la sonrisa de compromiso. Se acercó al ventanal, sacó el celular y marcó de inmediato:
—Averíguame la red de contactos de Iván por esta zo