—Siéntense —ordenó con voz grave y poderosa Mikhail Baranov.
Dimitri y Viktor se acomodaron frente a él, pero ninguno dejó de analizarlo. Mikhail se reclinó en la silla, exhalando por la nariz antes de hablar. Era una situación poco inusual y los subordinados eran conscientes de eso.
—Alexandra Morgan… —pronunció su nombre con un peso extraño, como si al decirlo se activara un mecanismo que él mismo no entendía—. Está perturbando todo lo que represento.
Viktor arqueó una ceja.
—¿Perturbando