EXTRA..
El sol se filtraba con suavidad a través de los ventanales de la villa frente al mar. La luz del amanecer se reflejaba en los suelos de madera clara, en el perfume tenue de las flores que Alexandra había dispuesto en jarrones, y en el murmullo sereno del mar que rompía a lo lejos. Aquel rincón del mundo, escondido en una isla fuera de los radares y las prisas, era el refugio de la familia Baranov.
Emilia daba sus primeros pasos aquella mañana. Entre risas y tambaleos, su diminuto cuerpo avanzab