La tarde en Morgan Enterprises fue aún más intensa, a Alexandra la
llamaron de la junta de supervisión para discutir el presupuesto del próximo trimestre; un terreno espinoso donde cada cifra podía significar millones. Alexandra, con paciencia y precisión quirúrgica, expuso sus proyecciones y defendió su estrategia con argumentos sólidos. La sala quedó en silencio por unos segundos antes de que el presidente de la junta asintiera y diera por aprobada su propuesta.
Pero el cansancio empezaba a