La tarde en Morgan Enterprises fue aún más intensa, a Alexandra la
llamaron de la junta de supervisión para discutir el presupuesto del próximo trimestre; un terreno espinoso donde cada cifra podía significar millones. Alexandra, con paciencia y precisión quirúrgica, expuso sus proyecciones y defendió su estrategia con argumentos sólidos. La sala quedó en silencio por unos segundos antes de que el presidente de la junta asintiera y diera por aprobada su propuesta.
Pero el cansancio empezaba a dejar huellas. La presión en las sienes se hizo más marcada, y sus hombros estaban tensos después de tantas horas sentada. Cuando por fin se retiró de la última reunión del día, ya casi eran las 7:30 p.m. y el edificio comenzaba a vaciarse.
Se quedó unos minutos más en su oficina, revisando algunos documentos que no podía posponer, hasta que decidió que era hora de marcharse.
El cielo nocturno la recibió con un tono azul profundo, salpicado de luces urbanas. El chofer la esperaba junto al vehíc