Aleksi estaba consternado. Aquella mujer, esa humana desconocida, lo había alterado de una manera que jamás habría imaginado. ¿Cómo era posible que solo una gota de su sangre —una simple gota que ni siquiera llegó a succionar del todo, sino que apenas rozó el filo de su colmillo de lobo— despertara en él un torbellino tan abrumador de sensaciones?
Era inexplicable. Esa diminuta cantidad fue suficiente para hacerlo sentir renovado... y, sin embargo, también debilitado. Era una mezcla contradicto