Aleksi terminó su desayuno con lentitud, distraído, su mente atrapada en el recuerdo de la misteriosa joven. Su rostro, su mirada, incluso su actitud desafiante, seguían perturbando sus pensamientos. Algo en ella lo desconcertaba, lo intrigaba más de lo que deseaba admitir.
Después de una interminable hora, se dirigió finalmente hacia la habitación donde la tenía encerrada. Abrió la puerta con firmeza, pero al entrar, frunció el ceño: no estaba.
Antes de que pudiera reaccionar, una sombra cruzó