El día había transcurrido con esa calma engañosa que a Brooke le resultaba cada vez más habitual. Turno largo en el hospital, rostros nuevos, urgencias previsibles. Y, sin embargo, dentro de ella, algo no terminaba de asentarse.
Al regresar a casa, se encontró con Lía preparando café en la cocina. Aaron no estaba —probablemente ocupado con algún asunto del negocio— y Aleksei no se veía por ningún lado. Brooke dejó su bolso en el perchero y se sirvió un vaso de agua antes de subir a su habitaci