El hospital estaba especialmente agitado aquella noche. Brooke terminaba de revisar una ficha en la sala de urgencias cuando oyó el sonido apresurado de pasos en el pasillo. No era raro; los viernes por la noche siempre traían su cuota de peleas, accidentes y situaciones fuera de control. Aun así, algo en la energía que flotaba en el ambiente le hizo alzar la mirada, alerta.
Un celador cruzó la puerta con rapidez.
—Doctora, acaban de traer a un herido por arma de fuego. Lo están llevando a la s