El sol apenas despuntaba cuando Brooke abrió los ojos. Tardó un segundo en ubicarse, en recordar dónde estaba… y con quién. La calidez que la envolvía no era la de su cama, sino la de los brazos firmes que la mantenían pegada a un cuerpo que ahora reconocía como su refugio.
Aleksei dormía aún, su respiración profunda y acompasada vibrando contra su espalda. Uno de sus brazos la rodeaba por la cintura, como si incluso en sueños no quisiera soltarla.
Brooke sonrió sin poder evitarlo. ¿Quién le ha