La tarde avanzaba en el refugio improvisado del club Le Diable. Enzo estaba en la sala principal, enfocado en la pantalla de su computadora, con los dedos moviéndose rápidamente sobre el teclado mientras analizaba información. Alrededor de él, el ambiente era relajado, aunque cargado de comentarios y risas de los demás que intentaban distraerse del encierro: Roberto, Nahuel, Amadeo, Gustavo, Alan, Joel, Facundo, Andrés, y algunas de las mujeres que acompañaban a los socios. Rita e Isis permanec