A las doce del mediodía, el sonido de un auto llegó a la entrada del club, rompiendo el silencio que se había instalado en la mañana. Alicia había llegado, lista para llevarse a los niños y a Roque, tal como lo habían planeado.
Roque, aún débil, fue asistido por varios hombres del club, quienes lo ayudaron a subir al auto. Aunque no estaba completamente recuperado, su rostro mostraba la determinación de estar allí para los pequeños.
Enzo se acercó a Roque, con una leve sonrisa en su rostro. Aun