Te vio la cara de tonto durante años.
Damián apretó la mandíbula con fuerza hasta sentir que le dolía.
La noticia seguía brillando en la pantalla del teléfono de su madre, cruel, impecable, imposible de ignorar.
“Emma Rivera. CEO de Hartley Group.”
Soltó un suspiro cansado, largo, como si en él se le escaparan las últimas fuerzas que había usado para sostenerse de pie durante esos días.
No quiso leer una palabra más. No soportaba seguir viendo el nombre de su esposa acompañado de titulares que no entendía, de sonrisas que no reconocía como propias, de una versión de ella que parecía haber florecido justo después de salir de su vida.
Sin leer una palabra más, le devolvió el celular a Victoria como si ese simple gesto pudiera devolverle también el control que estaba perdiendo a pasos agigantados.
El nudo en el pecho no cedía.
Al contrario, se apretaba más.
¿Lo había reemplazado tan pronto?