Mundo ficciónIniciar sesión—Nunca serás mi Luna. No eres nada. Aila, una omega vendida y rechazada, huye para sobrevivir. Pero su exilio forzado despierta un poder ancestral oculto en su sangre, una herencia que la convierte en mucho más que una simple loba. En un mundo brutal de Alfas dominantes y vínculos sagrados, ella era un juguete roto. Ahora, su regreso amenaza con desatar una guerra, pues el hombre que la despreció no es el único que la reclama. ¿Elegirá Aila la furiosa pasión del Alfa que la rompió, o el poder sereno del Rey que promete reconstruirla?
Leer másAila POVLa noticia del ataque de los Grifos se extendió por el continente como un incendio forestal. Pero esta vez, las historias no eran rumores vagos de una amenaza lejana.Eran relatos de primera mano, contados por los Alfas y Lores que habían estado presentes en Colmillo Negro, que habían visto la destrucción con sus propios ojos y, lo más importante, que habían visto mi escudo.El miedo es un poderoso unificador y el asombro, aún más.En los días que siguieron, lo que había sido una alianza frágil y a regañadientes, se solidificó.Los mismos líderes que semanas atrás habían discutido sobre autonom&
Aila POVLa partida de los Grifos dejó un silencio tenso y antinatural, roto solo por el crepitar de los incendios y el gemido de los heridos. Por un momento, nadie se movió. Nos quedamos en la plataforma, mirando el cielo vacío, procesando la enormidad de lo que acababa de pasar.—Leo —la voz de Damián, ronca y llena de una autoridad agotada, finalmente rompió el hechizo—. Organiza a los hombres. Apaguen los incendios, atiendan a los heridos. Dobla la guardia en las murallas.—¿Y los Grifos, Alfa? —preguntó Leo, su rostro una mezcla de confusión y miedo.—Se han ido. Por ahora —respondió Kael, su mirada todavía fija en el horizonte—. Tenemos un mes.
Aila POVEl silencio que siguió al impacto del Grifo contra mi escudo fue casi tan ensordecedor como la explosión de poder.Por un instante, el tiempo se detuvo, y el caos de la batalla se desvaneció, reemplazado por un único momento de incredulidad colectiva.Todos los ojos, zafiro, dorados, azules y marrones, estaban fijos en mí. En la mujer que se suponía que era la víctima y que acababa de demostrar que también podía ser una depredadora.El escudo de energía multicolor se desvaneció tan rápido como había aparecido, dejándome de pie en la plataforma, temblando por el esfuerzo, con Cassiopeia segura en mis brazos. Aila POVMe quedé en la plataforma, con Cassiopeia llorando en mis brazos y Kaelen aferrado a mi pierna, mientras el caos se apoderaba de la plaza.Me sentía completamente impotente, una reina sin trono, una madre cuyo único poder era intentar proteger a sus hijos con su propio cuerpo.La batalla era desigual.Los Grifos dominaban los cielos, sus enormes cuerpos bloqueando el sol, sus gritos agudos perforando los oídos. Los guerreros lobo y Lycan, maestros del combate terrestre, eran como hormigas luchando contra halcones.Sus flechas de plata, tan efectivas contra los vampiros, rebotaban inofensivamente en las plumas metálicas de los Grifos o se perdían en el aire.—¡Formad escudos! ¡Proteged a los arqueros! —gritaba Leo, intentando organizar una defensa imposible—. ¡Apuntad a las alas! ¡A las articulaciones!Pero era inútil. Capítulo 87





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