Ese día de trabajo era el más ajetreado de todos hasta ese momento.
Servía interminables platos de comida al mediodía. No había parado ni un minuto desde que llegó el primer cliente. Iba y venía incansablemente, aunque sus pies gritaban por un poco de descanso, mas las tareas se acumulaban para ella. Aquí, allá, esto y aquello.
Se ocupó de lavar minuciosamente una montaña de vasos y cubiertos todavía tibios por el uso para volver a utilizarlos a la brevedad. A mitad de camino, ya la esperaban l