—¡Kelly, abre la maldita puerta! —exclamaba al otro lado.
—¡No! ¡Espera!
—Si no sales dentro de cinco minutos tiraré esta puerta abajo.
Kelly se sobresaltó al oír cómo aporreaba la puerta y rugía enfadado por haberle cerrado la puerta en la cara. No era su deseo hacerlo, pero quería asegurarse de que no tenía ninguna marca que levantara sospechas o lo hiciera enojar aún más. Sabía de la enemistad entre hermanos sin saber claramente el motivo y si hubiera una marca, ella estaría en medio de todo