Ya estaba casi todo resuelto. Sus deberes, respuestas y opiniones llegaron a los correos de quienes pedían por él y unas largas llamadas para aclarar asuntos de alta complejidad. El día pasaba sin más problemas, solo que necesitaba salir del encierro y zanjar de una vez por todas lo que lo llevaba a un estado de pensamientos continuos junto con cientos de preguntas sin contestaciones.
Sin perder más tiempo en la oficina, se colocó el saco, salió sin decir nada, bajó al estacionamiento del edifi