Isabella corrió con todo lo que le quedaba.
El bosque la tragaba con sombras y raíces, y su respiración era un latido desbocado que parecía querer arrancarle el pecho.
Cada paso quemaba, cada rama que se enganchaba en su vestido le recordaba la prisa desesperada por encontrar a Kaen, por llegar a su lado antes de que el olor la traicionara por completo.
Necesitaba salvarse. Necesitaba que él la encontrara.
Entonces percibió el cambio: el aire se volvió denso, lleno de un aroma metálico y salvaje