Los ojos de Isabella eran feroces, destilando una rabia que ardía como el fuego en su interior.
—¡Kaen! ¿Cómo te atreves? —su voz resonó en la penumbra de la ceremonia, donde las sombras danzaban al ritmo de la celebración de su manada.
Él la miró con una intensidad que desafiaba su furia.
—Me atrevo porque así será —respondió con firmeza, su voz profunda y cargada de determinación.
La ceremonia llegó a su fin, y mientras los demás lobos continuaban festejando, Isabella se alejó, sintiendo cómo