Pronto llegó el día de la competencia de manadas, un evento que cada año reunía a los lobos más fuertes y a las Lunas más prometedoras.
Isabella estaba tensa, con el corazón golpeando en su pecho a cada paso.
Su respiración era superficial, apenas perceptible, mientras observaba a los demás competidores, lobos y lobas de fuerza y experiencia que ya se movían con seguridad en la arena.
Kaen, a su lado, parecía tranquilo, seguro de cada movimiento, como si conociera cada secreto de la competencia