Cuando los pasos resonaron en el pasillo, Claire no perdió el pulso.
Fue calculado: dejó caer el cuerpo teatralmente, se retorció un poco, apoyó la mano en el vientre y dejó escapar un sollozo lastimero que sonaba igual que el de una hembra herida.
La actuación le dio la nota exacta de vulnerabilidad; su respiración entrecortada llenó la habitación como una invitación a la piedad.
La puerta se abrió de golpe y Kaen entró disparado, los músculos tensos, la presencia de alfa llenando el aire como