La loba fue llevada tambaleándose a la habitación, con la cara pálida y los ojos enrojecidos; los murmullos corrían como viento frío entre las ramas de la manada.
Llamaron al médico con urgencia, pero la tensión ya se había apoderado del lugar.
Claire estaba acurrucada en la camilla, fingiendo desvanecimiento; se abrazaba el vientre con manos temblorosas mientras su mirada buscaba cualquier atisbo de compasión.
Kaen entró después, con el paso tenso y la respiración contenida.
Al verla, una sensa