La noche era densa como un suspiro contenido. Afuera, los árboles susurraban secretos que el viento no se atrevía a callar. Dentro de la habitación, ella se revolvía entre las sábanas, su cuerpo inmóvil pero su mente envuelta en fuego.
Otra vez.
Otra vida.
Otro recuerdo.
Se vio de pie en una terraza de piedra cubierta de enredaderas. Sus ropas eran distintas: una túnica larga, blanca como la luna, y sus manos manchadas de tierra. El aroma de hierbas medicinales llenaba el aire. Frente a ella