El aire estaba tenso en la sala del consejo. Aunque la estrategia habĂa sido delineada la noche anterior, algo se sentĂa diferente aquella mañana. El cielo estaba encapotado, como si el mismo mundo presintiera que algo estaba a punto de quebrarse.
Eira caminaba junto a Aidan, con la mirada enfocada, los sentidos alerta. HabĂa pasado gran parte de la madrugada revisando las antiguas marcas en su piel, aquellas que aparecĂan cada vez que la luna se alzaba teñida de sangre. Las runas no solo dolĂa