El aire estaba impregnado de un aroma antiguo, como si el tiempo mismo respirara en la sala donde Eira, Aidan y los demás se reunieron. HabĂan llegado al corazĂłn de los archivos olvidados del clan Caelum, bajo una bĂłveda sellada con runas que solo se activaban con sangre vinculada al linaje maldito. La de Eira.
Las puertas se abrieron con un crujido que helĂł la sangre de todos. Adentro, las paredes estaban cubiertas de inscripciones y dibujos que parecĂan moverse a la luz de las antorchas, como