Mundo ficciónIniciar sesiónActualmente es un volumen recopilatorio! Incluye: Libro 1: La Luna no deseada por el Alfa – La historia de Kennedy y Ryker Libro 2: La Compañera del Guerrero – La historia de Finn y Greta Libro 3: Domando al Heredero del Alfa – La historia de Ben y Elara Kennedy era una humana que se vio lanzada a un mundo increíblemente sobrenatural cuando sus padres murieron en un terrible accidente de auto, y la mejor amiga de su madre se convirtió en su guardiana. La mejor amiga de su madre, Beth, era la Luna de la manada Creciente Plateado. Kennedy había conocido a Beth, a su esposo James y a su hijo Jeremiah toda su vida, pero siempre había oído hablar de la vida en la manada como algo lejano. El Alfa y la Luna no ocultaban ningún peligro de su mundo a una humana como Kennedy. Jeremiah también estaba interesado en mantenerla a salvo y la ayudaba a superar el trauma del accidente. A Kennedy se le enseñaban las costumbres de la manada y, en general, era querida por todos los miembros. Aprendía los valores del vínculo de la manada, las enseñanzas de los guerreros y el respeto por la jerarquía de la cultura de los lobos. Se convertía en una guerrera muy habilidosa, incluso usando solo su fuerza y sentidos humanos. Seguía su camino entre compañeros, amor, amistad y la lucha contra un vínculo de compañero que no deseaba y que no quería que la detuviera de alcanzar sus propias metas y sueños. *** Ryker era un joven Alfa de la manada Luna Oscura, conocido y temido por todos. Cuidaba a los miembros de su manada mediante un amor firme y una mano de hierro. Había visto lo que sucedía cuando un Alfa tomaba a su compañera: los volvían débiles y perdían el enfoque; varios habían sido corrompidos por compañeras terribles. Él prefería quedarse solo antes que ser controlado por alguien más.
Leer másKennedyMe apoyé contra el vidrio, intentando recuperar el aliento y que mis piernas volvieran a reaccionar. ¿Por qué los dos mejores encuentros sexuales de mi vida habían sido con alguien que apenas me había tocado? En cuanto sentí que podía moverme y que mis sentidos regresaban, me desvestí, agarré mi vibrador favorito y me metí a la regadera. Una parte de mí esperaba que él pudiera escucharlo, pero la otra se sentía avergonzada de que me hubiera provocado tanto con esa facilidad; no quería alimentar su ego.Después de tres rondas imaginando todas las formas posibles en las que podría tener a Ryker allí conmigo, mi cuerpo quedó exhausto. Era increíble lo vívida que era mi imaginación cuando él era el protagonista. Si seguía así, iba a terminar acabándome la batería del juguete. Me metí a la cama y mi estado de ánimo cambió rápido mientras me preparaba para dormir, con la esperanza de estar lo suficientemente cansada como para que mis sueños no fueran tan malos.Hasta ese momento m
—¿Crees que puedes escapar de mí tan fácil, corderito? Ryker tenía la cara hundida en el hueco de mi cuello y su aliento caliente me humedecía la piel. No llegaba a tocarme, pero rozaba apenas mi hombro con la nariz y sentí un estremecimiento en todo el cuerpo; no pude evitar el temblor que me recorría. Su voz sonaba distinta, más grave, más cruda y con un matiz metálico, como si no la hubiera usado en mucho tiempo. Cuando se apartó, entendí por qué.Tenía los ojos rojos como la sangre. Aquel no era Ryker, era su lobo. Así era peligroso, y no de una forma divertida. Seguramente aquella era la última imagen que veían sus víctimas. El corazón se me aceleró. ¿Decidieron que no me quieren o no me necesitan y les resultaba más fácil matarme que rechazarme y mandarme a casa? No quería morir, pero tampoco le tenía miedo.Se acercó hasta que nuestras narices se tocaron. Su pecho subía y bajaba con fuerza.—No nos das órdenes. No le rendimos cuentas a nadie. Nos perteneces y este es tu hogar a
—No he sido irresponsable. ¿Cómo te atreves? —Me puse de pie cuan larga era. Comparada con un hombre lobo no era mucho, pero aquello me hacía sentir mejor—. Siempre estoy acompañada de guerreros, solo salgo cuando ellos lo confirman contigo dos veces y solo para entrenar o para ver a los cachorros o correr. Que, por cierto, hoy fue la primera vez que corrí al aire libre desde que llegué. Cada movimiento que hago tiene tu aprobación. Me sorprende que no tenga que pedir permiso para ir al baño. Creo que merezco un premio por ser tan paciente y obediente. Solo voy a donde ellos me dejan.—Después de hoy, eso va a cambiar Gruñó, acercándose más. Podía sentir el calor que emanaba su cuerpo enorme y me invadió un escalofrío. ¡No! No podía fijarme en aquellas cosas.—La cárcel no puede ser mucho peor. ¿Qué más demonios me puedes quitar? Crucé los brazos con mucha curiosidad por saber cuál sería nuestra siguiente pelea. Su mirada recorrió mi cuerpo de arriba a abajo.—No tienes permitido sal
KennedyTal vez no podía hacer nada contra aquel comportamiento de cavernícola que Ryker tenía, ni contra la reacción traicionera de mi cuerpo, pero eso no me impedía intentarlo. Seguí golpeándole la espalda y gritando puras estupideces para que me bajara. También me servía para fingir que no me daba cuenta de cómo se movían sus músculos marcados y desnudos debajo de mí. Noté que no tenía marcas de sol en ninguna parte. Me daban ganas de darle una nalgada para ver qué pasaba. ¿Se movería aunque fuera un poco? Sacudí la cabeza. “No estoy haciendo un buen trabajo ignorándolo”. Pero tampoco quería morir y no tenía la seguridad de que no fuera a regresarme al bosque para dejarme ahí tirada.No me había dicho ni una palabra en todo el camino de regreso, y no había sido un tramo corto. Seguro me iba a quedar un moretón en la cadera por cómo se me había enterrado su hombro. Seguí intentando separar las piernas, pero él las tenía bien sujetas; eso, sumado al movimiento de su hombro, le esta
—No me digas que hablas en serio —me tallé la frente. No tenía paciencia para aquello en ese momento—. ¿Te dejaron salir así? Estás corriendo por el bosque casi desnuda y ya casi es invierno. Seguro estás muerta de frío. Vamos a casa para terminar de hablar allá —señalé hacia atrás con el pulgar.—Tengo que terminar de correr y mi ropa no tiene nada de malo. Ustedes se la pasan desnudos todo el tiempo. Nos vemos cuando acabe. Señaló hacia su espalda. Estaba tan concentrado que olvidé que teníamos público. Sus cabezas peludas se movían de un lado a otro entre nosotros dos, como si estuvieran en un partido de tenis. Malditos idiotas. En realidad no podía culparlos; yo se los había asignado, así que técnicamente ella podía darles órdenes, pero era su Alfa e iban a hacer lo que yo dijera, aunque eso la hiciera enfurecer.Solté un suspiro.—Nos vamos a casa, Kennedy. Ya causaste suficientes problemas por hoy.No dio su brazo a torcer.—Me iré a casa en cuanto termine de correr.No estaba g
—Se va a llevar un golpe de realidad muy duro si eso es lo que pretende. Yo mismo la voy a encerrar en una celda —gruñó mi lobo.—Eso va a estar difícil sin pulgares.—Cállate, ya sabes a qué me refiero. Ya demostró que se escapa a la primera oportunidad y es un peligro para ella misma.—¡¿Ves?! Por fin entiendes por qué tenemos que rechazarla. ¡Es un peligro para todos!—Vete al diablo. Tenemos que marcarla para poder rastrearla, idiota.—¿De verdad puedes decirme que estás dispuesto a arriesgar su vida para intentarlo?Nunca nos íbamos a poner de acuerdo en aquello. Él seguía refunfuñando en mi cabeza cuando me harté de caminar a tientas por el bosque. Si había más imbéciles por allí listos para atacar, que vinieran. Estábamos tan furiosos en ese momento que no tendrían ni la menor oportunidad.—Sal de ahí —grité hacia los árboles—. Ya se acabó todo. Bennet se está volviendo loco porque no te encuentra.—Qué bueno saber quién se preocupa en serio.Me di la vuelta tan rápido que por p
Último capítulo